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El Cabanyal, la ventana de Valencia al mar

Los primeros rayos de sol iluminan las calles de un barrio único en Valencia, El Cabañal. La luz refleja en las persianas de los comercios y las casas, aún cerradas a estas horas, y el olor a mar se cuela por cada esquina. Un paseo por El Cabañal es mucho más que un recorrido por sus callejuelas llenas de edificios coloridos y singulares, es todo un viaje a través de la historia.

El Cabañal nació junto al mar, ya en el siglo XIII los pescadores construyeron modestas barracas, casas valencianas construidas con cañas, junto al Mediterráneo que alimentaba a sus familias. Las barracas se extendieron por el barrio vecino del Canyamelar, donde está la calle Barraca en honor a esa época. Allí Bricks&People ha puesto su primera chincheta, en un deseo de empuje a un barrio que va a mudar su piel para mezclarse con autóctonos y foráneos, para por fin tener el sitio que merece en su ciudad.

Un antes, un después y un ahora

Un gran incendio a finales del siglo XVIII, unido al enriquecimiento de sus habitantes por la ampliación del puerto, provocó que los humildes hogares hechos con cañas fueran reemplazados por casas adosadas de dos y tres plantas. La irregularidad definió siempre la construcción de las calles y viviendas, que se fueron realizando con el material que sus vecinos tenían a mano. Las fachadas se pintaban de colores vivos o se cubrían de azulejos con motivos ornamentales y florales, típicos de la cerámica tradicional valenciana.

Tanta variedad y originalidad arquitectónica hizo del barrio un conjunto histórico protegido desde 1988 y que fuera declarado Bien de Interés Cultural en 1993. Este reconocimiento no impidió que la tormenta del derribo se cerniera sobre él. Fue la época del boom inmobiliario, cuando un proyecto desproporcionado pretendió abrir Valencia al mar ampliando la avenida Blasco Ibáñez, a costa de demoler gran parte del casco histórico de El Cabañal. Fueron años duros para el barrio, que sufrió la marginalización, el abandono y la especulación bajo una constante amenaza de desaparición.

La paralización del derribo ha traído un respiro a sus más de 20.000 vecinos, número que no hace sino ampliarse. El barrio despierta un interés creciente entre los valencianos, su solera y encanto inigualables lo han puesto de moda. La restauración de fachadas, la recuperación de fincas abandonadas, el impulso de sus museos, la apertura de locales o la programación de actividades lo han llenado de vida y lo han colocado en el centro de la vanguardia artística valenciana.

Los barrios de Sorolla, Blasco Ibáñez y Benlliure

De obligada visita son todos los poblados marítimos: el Grao, el Canyamelar, El Cabanyal… todos ellos de estilo modernista. Acercarse a la Lonja de Pescadores y perderse por calles como la de Sant Pere, la de la Barraca, la de José Benlliure, la del Progrés o la de Amparo Guillem es todo un espectáculo para los sentidos.Sorolla, Blasco Ibáñez o Benlliure, sabían bien el tesoro que escondían estos barrios, musa de sus obras y fuente de inspiración.

Un patrimonio material, incluido ya en toda ruta turística de la ciudad que se precie, que se nutre de costumbres ancestrales como la Semana Santa Marinera, cuya celebración recoge tradiciones no sólo bonitas, como procesiones en las que se reparten flores, sino también peculiares, como el lanzamiento de vajilla de loza por la ventana.

La historia de estos pueblos que hoy ya son parte de la ciudad de Valencia y su ventana al mar, es un relato de supervivencia y resistencia. Su actual reconocimiento y rehabilitación son el merecido homenaje a siglos de lucha por su conservación.

En Bricks&People somos conscientes de la joya arquitectónica y cultural que este barrio supone para Valencia. Y queremos aportar nuestro granito de arena, por eso hemos elegido este enclave marinero para realizar nuestra primera intervención en la ciudad.

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EN BUENAS MANOS